Nicaragua –
Ayer, mientras ascendía por
las montañas de Jinotega, el
sol se ponía en el horizonte.
Del fondo del valle emergían
nubes danzarinas que se
mecían al compás de los
vientos del norte, del sur y
del este. Entonces mi alma
contempló un océano de
colores tan sublime, tan
majestuoso, que mi
admiración fue abalada
cuando un niño -con su acento
nicaragüense- le dijo al padre:
"¡míre pápa, qué boníto el
sol!" Así supe que había
regresado a Nicaragua.
© Mario Quiroz-Servellon                info@marioquiroz.com                 305.336.2213